Don Mario sabe gozarse la vida y no hay quien lo apague.

Por: Vanessa Villegas Solórzano

“Don Mario, buenos días”, “don Mario, una pregunta”, se escucha gritar por los pasillos de uno de los almacenes de cadena más grandes de Colombia. Y don Mario, a pesar de su corta estatura y de sus kilos de más, saluda ágil y amorosamente a todos quienes le extienden la mano, lo abrazan o simplemente lo llaman desde lejos.

Se podría decir que Mario Puchulú es una celebridad en Medellín, su ciudad adoptiva. Llegó hace más de veinte años, procedente de Rivadavia en la provincia Mendoza, Argentina. Con su acento mendocino-paisa, pelo rubio y ojos color celeste, como dirían en el sur del continente, don Mario desempacó maletas en San Pedro de los Milagros, con la misión de vinificar mostos argentinos para producir vinos en Colombia.

Hijo de un hombre de campo que conocía como pocos los secretos de la vid, Mario creció esperando la vendimia, podando los viñedos, resembrando sarmientos, identificando las diferentes cepas y produciendo vinos de la manera artesanal para luego estudiar enología. Para personas como él, acostumbradas a los conocimientos empíricos y a reconocer a la distancia la sabiduría campesina, la academia fue un paso necesario para aprender a comunicar el lenguaje del vino a quienes no comprendemos esos términos. Pero don Mario siempre ha sido claro y enfático: los verdaderos conocedores de los secretos de los vinos son los trabajadores invisibles, aquellos que se levantan a la madrugada a pesar del frío del invierno para meter sus manos entre tierra helada, o que cosechan bajo el inclemente sol del verano.

En San Pedro pasó noches frías en solitario, bailó en las fiestas del pueblo, conoció todos los estaderos de la carretera… Su trabajo de guardián del vino abarcaba desde complejas tareas de química y física, propias de la enología, hasta ser el vigilante de la bodega. Se ponía corbata cuando los visitantes así se lo exigían aunque su “uniforme” diario eran las botas de caucho y overol. Don Mario sabe gozarse la vida y no hay quien lo apague. En las fiestas de San Pedro era el último en irse a dormir y el primero en levantarse, porque, “para descansar está toda la eternidad”. Esta costumbre se mantiene a pesar de que el paso de los años ha teñido de blanco su barba abundante y por lo general, es la alegría y motor del desorden en las fiestas.

Don Mario se autodenomina “descordinador general”, cuando en realidad es un maestro como pocos. De ahí que desde los altos ejecutivos, hasta empleados en su primer día lo llamen “don Mario”. Algunos de sus alumnos reciben el apodo de “Puchulitos” y Mario se siente muy orgulloso de ellos. Los Puchulitos están por todo Colombia y prestan asesoría de vinos a compradores que por lo general tienen mayor nivel adquisitivo que ellos y ni siquiera intuyen que estos asesores pueden haber probado más vinos que ellos, todo gracias al trabajo de Mario.

El impulso de don Mario no tiene límites, pues ha sido gestor de Expovinos, la feria de vinos más grande del país y con su trabajo silencioso, ha sido el promotor de que los colombianos incorporemos esta bebida a nuestra cotidianidad. Perfeccionista y acelerado Mario adora tomar el micrófono y transformarse en “don Mario”, ese personaje que se para enfrente del público para hablarle sobre las bondades de su bebida favorita, el vino, y su perfecto acompasar con los alimentos.

Con su amigo Lorenzo Villegas realizan un programa semanal que se emite por www.colombiaalacartatv.com en donde la labor educativa continúa y hablan “de lo que les da la gana”, pero en donde no puede faltar la comida sin importar que sea callejera, sofisticada, elegante o hecha en casa, porque allí lo sustancial es la calidad. Así, un día que comienza almorzando morcilla en un estadero de Sabaneta termina con una cata de vinos para el cuerpo diplomático de algún consulado, posiblemente acompañado de platos con caviar o sushi.

Don Mario es mandón y todos le corren. Es difícil decirle que no a este personaje a pesar de su corta estatura y su voz nasal, pero su personalidad arrolladora y su don de gentes terminan por vencer a cualquiera. Así, en un mundo de contrastes vive Mario Puchulú y así, firme y silenciosamente ha trabajado como pocos por crear una cultura del vino en Colombia y por promover el respeto a los alimentos partiendo por el respeto a las personas que los elaboran.

Don Mario tiene debilidad por el Sauvignon Blanc siempre y cuando esté frío, pero cuando se reúne con amigos, siempre hay tiempo para tomarse unas “piscinas” que es como él llama al gin tonic, eso sí, con bastante ginebra.

Piscinas de Mario Puchulú

Ingredientes para una piscina

2 medidas de ginebra

4 medidas de agua tónica

1 rodaja de limón

Hielo

Preparación

NOTA: para una piscina perfecta se necesita servirla en una copa para vino tinto, pues esto permite que no se caliente al tenerla en la mano.

Llene la copa con hielo hasta la mitad, agregue la rodaja de limón y revuelva para que la piel desprenda un poco de su aroma. Agregue las medidas de ginebra y complete con el agua tónica.