Carreta de recetas

Rescatando la historia a través de la cocina

Tag Archives: Recetas

Receta del hamín de Rita Benveniste

He leído y oído variaciones del hamin (jamín) según el país. La que presento aquí es la receta de Jerusalén, tal y como la preparaba mi mamá. Con ella me hago la ilusión de haber conocido a mi abuela y pienso en estos recuerdos que me llegaron por boca de mi madre, pero que a pesar de ello siguen siendo muy gratos y queridos.

 

Por: Ruthy Klinger

Uno de esos días en los que el pasado remoto por alguna razón nos pone en el presente algún sentimiento, me vino a la memoria un sabor y un aroma que hasta me parecieron ridículos… Tuve entonces la sensación de estar oliendo el hamín (jamín) y la historia que contiene para mi.

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Receta de natilla navideña de la familia Jaramillo Botero

Justo a tiempo para esta época llega la receta de la deliciosa natilla que preparan en la familia de una de mis grandes amigas y que me muero por probar el próximo año.

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Receta para una “piscina perfecta”, según Mario Puchulú

Don Mario sabe gozarse la vida y no hay quien lo apague.

“Don Mario, buenos días”, “don Mario, una pregunta”, se escucha gritar por los pasillos de uno de los almacenes de cadena más grandes de Colombia. Y don Mario, a pesar de su corta estatura y de sus kilos de más, saluda ágil y amorosamente a todos quienes le extienden la mano, lo abrazan o simplemente lo llaman desde lejos.

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Chocó, sabores que te embrujan

El nombre Chocó, sabores que te embrujan empezó a aparecer en facebook de repente. Con ese título y unas fotos que llamaban la atención la curiosidad me picó y sucumbí ante las historias que contaban.

Diana y Lorenzo Cairoli son los artífices de ese proyecto gastronómico. Como ellos mismos lo cuentan en su perfil de facebook, Lorenzo llegó en 2012 al departamento del Chocó y poco tiempo después ya estaba encantado con las paradojas que ofrecía esta región de Colombia que es un mundo desconocido tanto para colombianos como para extranjeros. Habla de los sabores chocoanos como un universo por descubrir con descripciones tan abrumadoras como la siguiente: “Las carnes ahumadas de monte y los pescados ahumados de río y de mar se cruzaban en direcciones contrarias, permitiendo que el minero y el aserrador, habitantes de la selva más profunda, disfrutaran de sabores marinos, y a la vez que el hombre del litoral disfrutara de lonjas de carne remitidas en canoa por sus parientes del interior, en un intercambio que hoy en día se sigue practicando”.

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Un ángel en el fogón y receta de garullas de la Tata Cecilia

La receta está en un cuaderno de mi mamá, la anotó cuando mi abuela las preparaba, así que las medidas han sido rectificadas, pues la Tata las hacía “al ojo”, como toda buena cocinera.

Por: Mario Rodríguez Larrota*

La joven Cecilia llegó un día de 1947 a Bogotá con una bolsa que contenía sus únicas pertenencias. La esperaban sus hermanos y quien sería su futuro esposo. Había venido antes con sus tíos, recordaba el tranvía, los almacenes lujosos de la Calle Real del Comercio, el hotel Regina y a la Loca Margarita. Pero esta vez sería diferente, el viaje era para quedarse definitivamente. La ciudad ya no era ese destino soñado por meses, esa lejana urbe que estaba a dos días de camino a lomo de caballo y tren, desde Garagoa, un pequeño pueblo en las montañas de Boyacá, en el centro de Colombia; esa que ebullía al salir de la Estación de la Sabana y se enredaba en las más poéticas palabras de los cafés que se escondían entre las calles.

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Infancia de tamarindo picante y receta de chilaquiles al horno

Cuando vivía en México decía calcetines en lugar de medias, decía está padrísimo en lugar de está chévere, jugaba a las escondidillas y al beso pipo.

Por: Catalina Vargas Tovar

Mi primaria la hice en México, no toda, pero sí gran parte de ella. Eran los años ochenta. Me tocó el nacimiento del panda en el zoológico de Chapultepec, canté a gritos las canciones de Timbiriche y las Flans, realicé proyectos de investigación ilustrados sobre los Aztecas y los Mayas, coleccioné láminas con deidades indígenas como Tláloc, madrugaba a ver Súper Vacaciones, decía calcetines en lugar de medias, decía está padrísimo en lugar de está chévere, jugaba a las escondidillas y al beso pipo.

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De migrantes, viajeros y picarones

Manuel Klinger fue único, pero historias como la suya hay por montones, pues en últimas en el continente americano, muchos somos migrantes y todos tenemos algún viaje que contar.

Dicen que Mendl Klinger era un gran deportista, le gustaba boxear y para ello entrenaba todos los días. Dicen también que con dieciocho años cumplidos tuvo un privilegio que pocos judíos de su región consiguieron: obtener un pasaporte, pues para 1.921, en la región de Besarabia, los judíos tenían acceso restringido a la ciudadanía y, en consecuencia, tenían limitado derecho a pasaporte y a la libre circulación por el territorio rumano.

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Receta de la sopa boba de Rufina Vargas

La sopa boba ni es sopa, ni es boba, y es la tradición que mantiene a mi familia unida desde la muerte de mi abuela.

Por: Diana Ramírez González

Desde que tengo memoria, en la casa de la mi familia materna durante la Semana Santa hemos comido, año tras año, una sopa que llamamos “boba”. La sopa boba, ni es sopa ni es boba, es una especie de lasagna que se prepara con pan, huevos, un caldo base y queso.

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Receta de los alfajores de maicena de Miriam Villegas

Las recetas permiten que recordemos a quienes ya no están.

Cuando Miriam Villegas llegaba a algún lugar, el espacio se llenaba de su energía cálida y generosa. Y es que Miriam fue voluminosa desde que nació, o al menos eso cuentan los hermanos de esta mujer muy rubia, de ojos azules, que años más tarde sobresaldría por su corta estatura y su amplia cintura. Desde pequeña Miriam fue dulce, consentidora, amante de los deportes y de la cocina.

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Receta de las sopaipillas chilenas de Cristián Sandoval

Para reconfortar el espíritu, para calentarse en los días fríos y lluviosos y para reencontrarse con las tradiciones culinarias de Chile, hay una sola palabra: sopaipillas.

Por: Cristián Sandoval*

En mi familia la comida callejera, sobre todo la frita, se volvió un pecado más o menos al mismo tiempo que escuché por primera vez la palabra light en televisión, y la mantequilla se transformó en una pasta tan esponjosa e insípida como su nombre, Bonella. Empezamos a comer como el primer mundo, supervisados por la tecnología y la ciencia. Chile se había modernizado. Ni hablar de comer en la calle. No bien nuestra curiosidad se posaba en los carritos que freían empanadas y sopaipillas a la salida del colegio, éramos censurados por una cara de asco y la amenaza de todas las penas de la higiene. Si realmente querías comer sopaipillas, debía ser en casa, como Dios manda.

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