Carreta de recetas

Rescatando la historia a través de la cocina

Receta de la sopa boba de Rufina Vargas

La sopa boba ni es sopa, ni es boba, y es la tradición que mantiene a mi familia unida desde la muerte de mi abuela.

Por: Diana Ramírez González

Desde que tengo memoria, en la casa de la mi familia materna durante la Semana Santa hemos comido, año tras año, una sopa que llamamos “boba”. La sopa boba, ni es sopa ni es boba, es una especie de lasagna que se prepara con pan, huevos, un caldo base y queso.

Mi mamá y su familia son del departamento de Santander (Colombia), donde lo más típico es comer carne, plátano, yuca y otras delicias, pero en mi casa, la única tradición culinaria que se mantiene vigente es la de preparar esta sopa durante la Semana Santa. Mi mamá tiene seis hermanos y desde que mi abuela falleció, ella es la encargada de convocar a la familia el jueves o viernes santo a comer sopa boba. En el año esta es nuestra oportunidad para reencontrarnos, pues no nos reunimos en Navidad ni en Año Nuevo, solo en Semana Santa con ocasión de la sopa boba y esto es muy extraño, más aún considerando que no somos una familia católica.

De la sopa boba tengo algunos recuerdos de cuando era niña, principalmente de mi abuela con sus cinco hijas en la cocina, no todas cocinando, dada la facilidad de la receta, sino más bien charlando y riéndose, mientras mi abuelita y mi mamá cocinaban; el abuelo con los dos hijos varones y los yernos conversando en la sala, mientras los nietos corríamos por la casa.

Según cuenta mi mamá, la sopa boba es oriunda y típica de Santander, pero hasta hoy no he encontrado a otra persona de esta región que la conozca o la prepare en Semana Santa, por lo menos con ese nombre. Hace poco una amiga me contó que su mamá alguna vez le había dado algo muy parecido para el desayuno, pero la llamó “torta seca”. A veces pienso que el nombre de la receta fue creación de mi abuela, quien usualmente se inventaba palabras para nombrar las cosas o se expresaba a través de refranes. Para ella un niño que luciera saludable era un lapo, ser “lambón” era ser culipronto, estar despeinado era estar como un zopilote desplumado y así, todo era susceptible de ser renombrado. Quizás lo que más me gusta es que ella era una mujer muy poco cariñosa, que se vistió de riguroso luto desde el día que se casó y poco dada a las celebraciones, y a pesar de ello se ideó esa preparación para Semana Santa, la cocinó todos los años y logró que se nos volviera una tradición familiar.

Ahora el crédito es para mi mamá. A diferencia de mi abuela, ella es la más amorosa de todas y nos sigue convocando alrededor de algo tan sencillo de preparar, pero tan fuerte en términos de cariño.

Ingredientes para 12 personas

Caldo

12 tazas de agua

2 cucharaditas de sal

8 tallos de cebolla larga

1 cucharadita de comino (opcional)

Sopa

30 huevos

1 libra de queso doble crema

20 panes blanditos

Preparación

Vierta el agua en una olla junto con la sal, la cebolla larga y el comino. Cocine a fuego medio por 30 minutos.

Aparte, ponga los huevos en una olla con agua fría. Cocínelos a fuego medio-alto y cuando el agua comience a hervir cuente 8 minutos. Retire los huevos del agua, déjelos enfriar un poco y pélelos. Corte los huevos en tajadas.

Corte el pan y el queso en tajadas.

Cuando el caldo base esté en su punto y los ingredientes cortados aliste una olla o un caldero grande a fuego bajo, y ponga una capa de pan en el fondo. Continúe con una capa de huevo y una de queso. Vierta un poco del caldo, apenas suficiente para mojar el pan y tape la olla. Cuando el queso se haya fundido repita el procedimiento poniendo una nueva capa de pan, huevo, queso y más caldo. Tape la olla y repita hasta terminar con todos los ingredientes. Cuando la última capa de queso se haya fundido, deje reposar unos minutos y sirva la sopa acompañada de arroz blanco y pollo sudado sin mucho condimento.

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