Cuando Esther me entregó esta receta, me la dió con el siguiente título: “You can’t believe it’s not chopped liver!»

Para algunas personas, recordar es también pensar en voz alta, hablarse, interpelarse, repasar lo vivido y darle voz a quienes ya no están a través de anécdotas y emociones. Al mencionarle a Ruthy Klinger el nombre de Esther Rotlewicz recibí un correo titulado “Cuántos recuerdos!” en donde queda muy claro que son los pequeños detalles los que sacan a relucir los más profundos sentimientos.

El nombre de Esther Rotlewitcz me trae una avalancha de recuerdos, todos gratos y dulces. Ella y yo fuimos muy amigas, más en el destierro de Miami, que en Bogotá. Allá nos reconocíamos, y si el encuentro era en una reunión grande, de esas de “carácter obligatorio”, nos juntábamos en un rincón, a veces con alguna amiga más, nos aislábamos del tumulto para conversar tranquilas y nos divertíamos de lo lindo gracias a que Esther era poseedora de un gran sentido del humor.

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